Contrapunteo en Washington

Foto: Internet

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Fuente:  http://www.bbc.co.uk

Carlos Chirinos Vásquez

BBC Mundo, Washington

El presidente Barack Obama salió al ruedo este jueves para defender su política de seguridad nacional, tan cuestionada en la últimas semanas por la oposición republicana mediante una campaña que parece haber convencido incluso a algunos demócratas.

Apenas minutos después, casi como a manera de respuesta no oficial, lo hizo el ex vicepresidente Dick Cheney, quien se ha convertido en el principal vocero de esa estrategia que intenta convencer a los ciudadanos de lo “peligroso” que puede ser tener “un terrorista en su patio trasero”.

El centro del debate es la prisión militar de Guantánamo, su prometido cierre y la posibilidad de que algunos de los 240 reclusos que alberga sean trasladados a prisiones de alta seguridad en territorio estadounidense.

El argumento del miedo parece haber sido tan efectivo que esta semana algunos congresistas del Partido Demócrata prefirieron dejar al gobierno sin el dinero que necesita para empezar a cerrar la prisión -antes del próximo enero- antes de “venderles” la idea a sus electores.

El factor miedo -siempre latente y poderoso factor en la formación de la opinión pública estadounidense desde los atentados de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York- se ha convertido en el principal escollo para las políticas de seguridad del presidente Obama.

Junto a la Constitución

Para contrarrestar esos miedos el mandatario se fue al edificio de los Archivos Nacionales, a medio camino entre la Casa Blanca y el Capitolio y donde están resguardados documentos fundamentales como la Declaración de Independencia o la Constitución.

“Seamos claros: más que mantenernos más seguros, la prisión de Guantánamo ha debilitado la seguridad nacional de EE.UU. Los costos (políticos) de mantenerla abierta exceden de lejos las complicaciones que implica cerrarla” aseguró el presidente estadounidense.

A los que cultivan los temores públicos, el presidente Obama les recordó que 525 detenidos fueron liberados en tiempos del ex presidente George Bush y que “nadie ha escapado nunca de una de nuestras prisiones federales de alta seguridad” conocidas como “supermax”.

La idea de que el gobierno no pueda garantizar la reclusión de los detenidos en Guantánamo, que eventualmente serían llevados a las supermax “no es racional”, dijo Obama.

Medio inseguros

No puede decirse que Cheney diera una respuesta oficial del lado republicano y tampoco que su impacto haya sido similar, pero los medios locales aprovecharon la coincidencia de los eventos para presentarlos en el formato de duelo sobre Guantánamo.

El ex vicepresidente Cheney esperó pacientemente por el fin de las palabras presidenciales en la sede del Instituto Estadounidense de Empresas, un centro de promoción de políticas públicas de tendencia conservadora, lo que le dio al día un sabor de contrapunteo político.

Cheney leyó su discurso con una monótona cadencia que contrastó con el vigoroso mensaje presidencial, leído también, pero en el teleprompter, un aparato más amigable para las cámaras.

Más allá de las diferencias de estilo, Cheney también fue vehemente al defender las políticas del gobierno de Bush, y aseguró que las repetiría de ser necesario, incluyendo las prácticas de interrogatorios consideradas como tortura por algunos.

Aunque Cheney aceptó que la actual Casa Blanca no use la etiqueta de “guerra contra el terrorismo” o elimine el concepto de “enemigos combatientes” aconsejó al presidente no basarse en lemas de campaña electoral, sino en “el dictamen de la historia”.

“Es fácil recibir aplausos en Europa sobre el cierre de Guantánamo, pero es más complicado hallar una alternativa que combine justicia con los intereses de la seguridad nacional” sintetizó Cheney.

Para quien fuera el segundo de Bush, no hay manera de sintetizar las demandas de los grupos liberales a favor de los derechos humanos y las de los conservadores por políticas que garanticen mayor seguridad, porque “medidas a medias nos dejan medio inseguros”.

Terror permanente

“Lo raro sobre el debate aquí en Washington es que parece estar basado en el narcisismo de las pequeñas diferencias” aseguró a la BBC Jim Healy, vicepresidente del Instituto Cato, un centro de estudios políticos.

“La gente no se da cuenta que las políticas de Obama en la guerra contra el terrorismo son sustancialmente las mismas políticas de Bush y Cheney. Sólo hay diferencias retóricas. Ahora hay más esperanza y menos bravuconadas, pero estamos hablando de políticas muy similares,” afirmó Healy.

Pero para muchos estadounidenses, el que el fantasma de la “amenaza terrorista” siga vivo no se lo recordaron los mensajes del jueves, sino el arresto producido la víspera en Nueva York de un grupo de hombres al que se acusa de planificar ataques contra objetivos militares y una sinagoga judía.

Las preocupaciones por la seguridad nacional sólo cambian a la hora del enfoque sobre cómo manejarla. Y mientras para unos el cierre de Guantánamo pone la seguridad en peligro, para otros esa cárcel es una rémora moral que sirve para los grupos extremistas.

Allí la razón parece estar de lado de Cheney cuando asegura que no hay punto medio para el encuentro entre los dos campos.

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