El nuevo amanecer

Fuente:  http://espndeportes.espn.go.com

publicado: jueves, 13 de agosto de 2009

por David Faitelson

MÉXICO — El nuevo amanecer de la selección mexicana no significa que las épocas magras hayan quedado atrás y que el fútbol mexicano haya recuperado la hegemonía y el poderío del área que alguna vez disfruto y presumió. No, lo del miércoles en el Azteca fue tan sólo un pequeño e importante paso y nada más.

 

Ni somos los mejores de la Concacaf ni tampoco estamos listos para competir ante los mejores del mundo. Ni una cosa ni la otra, pero de que estamos mas cerca de Sudáfrica 2010, sí, sin duda, lo estamos.

 

Cada vez que el fútbol mexicano cae de nuevo en ese “hoyo negro” profundo, vacío y solitario y de pronto muestras señales de vida es bueno levantar la mano y recordarle a la gente, a la opinión publica, a esos aficionados que hoy están perdidos en los cuernos de la luna y en los festejos desmedidos, que el fútbol mexicano casi nunca sufrió demasiado para llegar al Mundial y que ese tema, el de la clasificación, era una asignatura que se daba por hecho. Les quiero recordar que los sueños de crecimiento del futbol mexicano se referían a otro nivel, a otras circunstancias, a otros aromas y no al de la pobreza de su área futbolística.

¿Estábamos ya en la situación de soñar por ese quinto partido del Mundial? ¿Acaso no estábamos luchando por acercarnos a las grandes potencias? ¿Acaso no estábamos intentando lo que alguna vez lograron Croacia, Turquía o hasta Corea del Sur que contra los pronósticos se metieron hasta la cocina de un Mundial?

 

Yo pensaba, soñaba y aseguraba que ese era el propósito de México y no el de medirse a sangre y fuego ante Estados Unidos, El Salvador, Honduras, Costa Rica o Trinidad. ¿Acaso luego del último retroceso han vuelto a cambiar nuestros parámetros? ¿Hemos dado tantos pasos hacia atrás que ahora estamos más atrasados que nunca?

 

El marco esplendoroso de ayer confirma la teoría. Hace 10 o 15 años un partido entre México y Estados Unidos no provocaba escenas de júbilo en el Ángel y tampoco desataba la locura de todo un pueblo que casi paralizó una ciudad de más de 30 millones de habitantes para seguir las incidencias de un juego eliminatorio. En la década de los noventa, un México Estados Unidos en el Azteca apenas y garantizaban 10 o quizá 15 mil aficionados. El mexicano sabia que ir al Mundial no era problema. Su reto, en realidad, era trascender en ese Mundial.

 

La otra teoría indica que el área futbolística ha crecido. Que Estados Unidos ha aprendido a jugar el deporte y que las naciones centroamericanas –Costa Rica, Honduras y El Salvador– han mejorado, incluso, exportando jugadores a los grandes niveles europeos.

 

¿Con qué explicación se queda usted? ¿Fue México el que bajó los brazos o fueron los demás quienes acortaron las distancias?

 

Sea la que sea la explicación, el nuevo amanecer de México indica que está cerca del Mundial, pero también destaca que la eliminatoria se ha convertido en un suplicio, en una verdadera prueba de fuego, en una guerra ante selecciones que están dispuestas a todo para vencerles. Nuestras expectativas han cambiado. Y tenemos sólo dos opciones: o sentarnos a llorar o festejar en el Ángel.

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