Haití: Los Frutos Del Terremoto

por   Eugenia Ainegue

Hay una serie datos que, puestos en conexión, pueden arrojar cierta luz sobre el pasado, presente y futuro del terremoto haitiano. Asunto que, por lo que se está viendo, supondrá una gran oportunidad política y, especialmente, económica para EEUU, Japón y España.

Imagen: Internet

En 2008, el equipo de geólogos dirigido por el profesor Paul Mann de la Universidad de Texas predijo el seísmo que iba a producirse en Haití. En la XVIII Conferencia Geológica del Caribe, celebrada en Santo Domingo en marzo de 2008, el profesor Mann presentó los resultados de su investigación sobre la falla Enriquillo, a la que potencialmente se le atribuía la capacidad de producir un seismo de magnitud 7,2 en la escala de Richter. “Ha habido muy pocos progresos en la predicción de terremotos, si por predicción nos referimos a fecha específica, magnitud y localización”, aseguró el viernes pasado a la Agencia Reuters el geofísico del Instituto de Mediciones Geológicas de Estados Unidos, Stuart Sipkin.  Según este científico, donde se están haciendo “grandes avances es en la realización de pronósticos, que es donde los científicos están siendo capaces de reconocer las zonas en las que hay posibilidades de que se produzcan terremotos de gran magnitud en las próximas décadas”.

El segundo dato significativo en la trayectoria de este asunto es que en 2009, un año después de que se anunciara el terremoto,  en la Conferencia de Donantes que tuvo lugar en Washington, el 14 de abril de 2009, en la sede del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), “Haití consiguió compromisos de ayuda oficial al desarrollo por valor de 324 millones de dólares para los próximos dos años, 2010 y 2011, de los cuales 41 millones estarían destinados a apoyo presupuestario directo. Esos fondos han sido posteriormente aumentados ascendiendo a 353 millones de dólares”, según se recoge en el acta del Consejo de Ministros de España, celebrado el 15 de enero de 2010, tres días después de que se produjera el seísmo que asoló Puerto Príncipe.

En el mismo documento se lee también que “España ha sido el tercer país en volumen de importancia de fondos acordados (unos 37 millones de dólares; trece de ellos de ayuda presupuestaria en educación), detrás de Estados Unidos (con 68 millones de dólares; veinte de ayuda presupuestaria) y de Japón (con cincuenta millones de dólares). Nuestra participación fue muy positivamente valorada por las autoridades locales y los organismos financieros internacionales”, según se afirma en el citado documento.

La tercera clave para vislumbrar hacia donde lleva el terremoto viene dada por la presencia mayoritaria de aviones de EEUU, japoneses y españoles en el aeropuerto haitiano, habilitado tras su venida abajo por el ejército norteamericano que es quien lo controla ahora. Nadie ha puesto en duda el papel fundamental que desempeña el gobierno de Washington en esta operación humanitaria, que sin duda lo es. Su papel de sheriff para controlar el pillaje masivo de los supervivientes, que es como lo presentan los medios de comunicación, especialmente los españoles. Un pillaje que no es otra que la lucha ciega por la supervivencia de quienes no tenían prácticamente nada antes del terremoto y ahora ya no tienen absolutamente nada. No hay alimentos, ni agua potable, y sí muchas probabilidades de morir de inanición y de epidemias, dados los miles de cadáveres que se amontonan en las calles de Puerto Príncipe en alto estado de descomposición.

En efecto, hay que controlar a seres humanos enloquecidos por el horror, el temor a la muerte con la que conviven desde hace cuatro días y a la que están fatalmente abocados en muchos casos. Sin embargo, el despliegue de 10.000 soldados de EEUU tiene un calado mayor. Han tomado militarmente un país devastado, sin instituciones y con un Gobierno simbólico que no puede hacer nada por sí mismo que, incluso podría acabar a manos de la población desesperada. Se trata pues de un Gobierno que quiere sobrevivir físicamente y que, muy probablemente, podrá hacerlo de la mano de Obama. En contrapartida, ese Gobierno superviviente representa para la Casa Blanca el salvoconducto ante la población haitiana y ante el mundo, ya que el presidente René Preval da el visto bueno a la presencia militar y a las distintas acciones que llevan a cabo los norteamericanos en la isla. El propio presidente informó a la prensa de que había hablado durante la mañana del viernes con su homólogo estadounidense, Barack Obama, y con el secretario general de la ONU, el diplomático sur-coreano Ban Ki-moon, para tratar sobre la distribución de la abundante ayuda humanitaria que se ha recibido en Haití. Según comentaba el presidente, ambos le aseguraron que harían todo lo posible para que hiciera adecuadamente. “Les agradezco la atención que le están dando a la situación en Haití”, añadía Rene Preval.

Esta serie de datos conforman la trayectoria del retorno norteamericano al corazón del Caribe. Y así las cosas, lo que se percibe entre la hojarasca es, primero, un terremoto ampliamente anunciado (marzo de 2008) con altas probabilidades de producirse antes que después; un país sumido en la extrema pobreza para el se aprueban fondos de cooperación y desarrollo, justo  un año después de la predicción sísmica (abril de 2009), y un trío de socios fundadores como EEUU, Japón y España que hacen la aportación de capital para el periodo 2010-2011. Fondos que podrán aplicarse a la reconstrucción de Haití tras el terremoto que llega en menos de un año (enero de 2010)  tras la aprobación del gesto solidario.

Una jugada maestra de la que Francia se ha percatado tarde. De ahí que haya pedido que la ONU precise cuál es el papel de EE UU en Haití, según ha dicho el secretario de Estado de Cooperación francés, Alain Joyandet, que ha protestado ante EE UU por las dificultades con las que se encontró un avión francés, que portaba un hospital de campaña,  para aterrizar en el aeródromo de Puerto Príncipe.  De hecho, no lo logró porque fue desviado a la República Dominicana por los militares estadounidenses,  que son los que controlan el espacio aéreo y terrestre de Haití con el beneplácito del secretario general de la ONU.

“No se trata de ocupar el país, sino de ayudarle a que recobre la vida”, afirmaba el  secretario de estado francés en sus últimas declaraciones, “la ONU está trabajando, espero que se tome una decisión. Espero que las cosas sean precisadas sobre el papel de Estados Unidos”, insistía el diplomático, pero lo cierto es que Sarkozy ha estado corto de reflejos y, por ahora, Zapatero le gana la partida. Está por ver si continúa la racha para el presidente de turno de la UE.

La isla de La Española es el medio idóneo de recobrar EEUU su ser y estar en la zona antes de la revolución cubana. Eso y todo lo que la reconstrucción de la isla lleva consigo para la economía estadounidense.

Por su parte, la vicepresidenta De la Vega se ha hecho ya la foto en la antigua colonia española -que también lo fue de Francia-. Todo apunta en su sonrisa y donaire bajando del avión a que La Española volverá a dar frutos para la metrópoli en crisis, hoy como ayer, pero con más población activa en paro que nunca.

Y quién sabe, tal vez el pillaje no sea el de los supervivientes solo, sino el de los buitres que acechaban ese terremoto anunciado.

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